Hola gente! hoy os traigo cositas interesantes, no se que haceis pero me ha gustado lo de subir mis relatos. Hoy os traigo una adaptación que empecé a hacer del famoso cuento de Alicia en el País de Las Maravillas. Os tengo que decir la verdad, pequeños saltamontes, este relato a sido creado a partir de un sueño que tuve la otra noche, así que disfrutarlo.
“Callendo,
Callendo, por una madriguera,
Oscura
y mágica, orejas blancas,
Sombreros,
té, liebres y cartas,
Reina
de corazones, la que corazones arranca.
Un
día te leeré un cuento,
En
el que Alicia entrará,
Perdónenme
si no miento,
En
el País de las Maravillas.”
Todo era
oscuridad, una oscuridad curiosa. Y Alicia se preguntaba “¿Cómo
una oscuridad puede ser curiosa?” La niña se durmió. Después de
dieciséis años, Alicia seguía preguntándose cómo podían cambiar
de mundo, simplemente por una madriguera. “¿Cómo podría llamarse
ese lugar?” se preguntaba y se preguntaba Alicia. El sombrerero
sonrió y le dijo “El País de las Maravillas”.No podía parar de pensar, y soñar y pensar, y soñar. Hasta que un día por un agujero calló. Todo era oscuridad, una oscuridad curiosa. Y Alicia se preguntaba “¿Cómo una oscuridad puede ser curiosa?” Aquella vez, no se durmió y luego despertó. No. Está vez no. En aquella oscuridad, se empezaron a distinguir voces. “Sigue al conejo blanco” dijo una. “Al conejo blanco” Hicieron eco otras. Empezó a rozar con los dedos, las paredes. De pronto, empezaron a salir luces, luces y más luces. Todas se pusieron en fila, como unos patitos detrás de su madre. Todas se juntaron en un punto. Hasta que pudo apreciarse una pequeña silueta brillante, que al final, se abrió. Alicia no podía creer lo que sus ojos veían o imaginaban. Allí mismo, la realidad y los sueños no se distinguían. Pudo observar árboles y árboles, de todos los colores y brillos. Había un gran camino amarillo a lo largo de las colinas, y unos patos de goma verdes cruzaban a través del camino. Alicia empezó caminar, por un camino, parecido a una lengua. Los zapatos de charol se quedaban pegados a la lengua y por cada paso que daba, le costaba más despegarse del camino.
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